miércoles, 7 de septiembre de 2011

LA DECISIÓN

Hace alrededor de un mes que tomé una de las decisiones más duras a las que me he enfrentado. Fue rápida, sorpresiva y en opinión de muchos, equivocada.

El efecto fue definitivamente desagradable y devastador en muchos sentidos. Uno nunca sabe qué sucederá con dos vidas que tomarán cursos diferentes.

Si las consecuencias visibles son tan negativas, ¿porqué lo haces? ¿porqué no regresas? ¿no piensas que pudiste haber tomado una decisión errónea? me han preguntado muchas veces. ¿Porqué no luchas? ¿Tienes miedo? ¿eres un idiota? Me han inquirido otros.

Llevo semanas tratando de escribir al respecto, y no puedo. La ambivalencia de emociones afecta mi razonamiento, y me provoca dudas e incertidumbre. Preguntarme a mi mismo lo que tantos me preguntan. La respuesta, a la vez ambigua y dubitativa, resulta más reveladora que una respuesta directa.

No lo sé.

Me parece que ninguno de nosotros sabe siempre cuál es la mejor decisión, qué camino nos llevará a los mejores resultados. CUANDO EXISTEN DUDAS, NO HAY CERTEZA, y hay unos caminos que exigen una cuota de éste componente. Cuando surgen éste tipo de dudas, creo que lo mejor es recurrir al corazón, a la conciencia interna y tratar de "hacer lo adecuado", tratar de sobrellevar las consecuencias de ése camino.

Es curioso cuando la duda revela tantas realidades.

lunes, 5 de septiembre de 2011

OVERTIME

Siento ser tan parco, pero la plataforma ya no permite insertar los videos. Aún así, les dejo el link

LA PREOCUPACIÓN DE UNO BAJO LA LLUVIA

La preocupación de uno bajo la lluvia en la noche es la luz del carro y los frenos. Con los frenos mojados es inminente el choque, el atropello, la propia muerte. Pero uno sigue sin detenerse, sin disminuir la velocidad, solamente preocupado de lo previsto. En el fondo se siente que es como la preocupación de la vida, y que es imposible detenerse el ía lunes o el martes porque la muerte esté esperándonos el sábado.

En la carretera, como en el tiempo, uno se complace de la eficacia de los parabrisas que barren el agua hacia los lados y alargan la mirada prodigiosamente. ¡Qué grato es el ronroneo del motor, su ruido calinte y amistoso! Nadie se siente solo si se pone a oír el moror: es más humano que la voz del locutor en el radio, mucho más que las canciones y los anuncios.

De pronto descubro que soy una gente civilizada y que me gusta la lluvia alrededor de mí, sin mojarme. Y no siento nostalgia del niño que se desnudaba y salía a brincar al patio bajo el aguacero. A los treinta y cuatro años me resfrío con facilidad, y creo que mi alma también prefiere los tragos calientes, la viejecita.

¡La pobre vieja! ¡Qué estúpido! Si mi alma existiera me acostaría con ella esta noche hasta emputecerla, para que mañana viera el día con vergüenza. No me gusta ser tan civilizado como este que habló hace un momento de "su alma"


Jaime  Sabines.

jueves, 28 de julio de 2011

CHORO


"La mentira más cara que se compró fue la nostalgia de un amor imposible"


-Genaro Patraka
Poeta Itinerante

miércoles, 13 de julio de 2011

NECESITO ENAMORARME DE TI

Hace algunas semanas, una persona compartió conmigo una reflexión que me pareció bastante interesante y digna de redondear:

"Las mujeres se enamoran porque necesitan estar enamoradas"

Es una creencia generalizada que las mujeres son más emocionales, y que es más fácil que se enamoren al tener sexo "ocasional" así parezca que el tipo con el que está sea un patán salido de los más obscuros agujeros.

Lo que expuso ésta persona es que las mujeres (al menos en éste país aún bastante tradicionalista) crecen siendo programadas con la idea de entregar "su tesoro" a su príncipe azul, a ése que las llevará al castillo para llenarlas de hijos y felicidad.

Sin embargo, las hormonas (y el amor de adolescentes) está muy canijo y la mitad de las mujeres terminan entregando el tesoro antes de tiempo. Aún así, prevalece un mensaje oculto, de sólo entregarte a la persona que amas, y que te ama. El sexo por sexo es un tema que jamás se toca cuando le hablas a una mujer.

¿Pero qué pasa cuando el cuerpo actúa en una mujer? ¿Qué sucede cuando el cuerpo le grita VAMOS, A POR ÉL y se trata de ése chico vicioso y torpe en motocicleta y chamarra de cuero, con ésa imagen sucia y desgarbada, o de ése otro borrachín que tiene ése no se qué que no se yo, durante las horas que se encuentra sobrio?

Pues que el mecanismo de "protección" (no lo hagas si no se aman) funciona a revés. Su cerebro traduce lógicamente la instrucción: No hay sexo si no hay amor, pero quiero sexo, entonces me enamoro. Y es ahí cuando la chica comienza a descubrir el gran diamante en bruto que nadie había visto, a ése potencial CARLOS SLIM sobre su moto de Domino's.


  • Es que cuando no está de malas ni maldiciendo, ni fumando mota... es taaaaan tierno.
  • Tiene un lado sensible que no le muestra a nadie, pero yo lo ví, porque soy especial para él.
  • El otro día justo antes de perder la conciencia en su borrachera me dijo que me amaba... aaaaaahhh, soy su último pensamiento incluso en éste estado.
  • Es que sus manos son hermosas, las tiene de pianista, lastima que las use para carterear a cuanto incauto se le acerque.
  • PERO ES ESPECIAL, YO LO SÉ.


Y zaz, entra el programita en acción y la chica se enamora... No porque el tipo sea en verdad sensacional, ella sabe que no, pero lo desea y necesita estar enamorada para tener permiso de tomar a alguien entre sus brazos y compartir horas de sudor.

Pero entonces no es ninguna zorra, porque lo hizo por amor, no es ninguna pendeja, el amor la cegó, no es ninguna caza hombres, los hombres son unos ingratos que no saben apreciar su amor.
(y que conste que yo no creo que una mujer que sabe disfrutar su sexualidad es zorra, ni pendeja ni caza hombres, la mayoría no)

El cerebro las mete en un juego en el cual tienen el "permiso" de hacer lo que desean hacer, aunque a un costo muy alto. El de un corazón roto.

¿Es la tendencia de las mujeres a enamorarse previo, durante, o después de un affair debido a los mensajes programados, o es auténtica genética a través de la cual las mujeres caen en trapa tras trampa?

viernes, 17 de junio de 2011

EL MONSTRUO Y EL LOBO.

Ayer en la noche conocí a un fantasma, decía tener 20 años y tener ganas de recuperar su vida. Pero sus palabras torpes y alcoholizadas sus anécdotas repetidas y su mirada apagada me decían que ya no había forma de sacarla de su fosa y sólo esperaba que la cubrieran con tierra.

Venía acompañada de un monstruo, observador citadino, pervertido, feo, grotesco, galante, amado. Ahí estaba él, la había llevado con él, ¿Creerá amarla? ¿Estará acechando una presa enferma? ¿Será otro héroe tratando de revivir a los muertos? No lo sé. Pero el fantasma se pasó la velada conmigo, dejando al monstruo sentado en ése rincón debajo de un reflector.

Yo pude convertirme en un monstruo, me sentí tentado. Creo que aún tengo esperanzas porque no pude hacerlo.

Además, comer carne muerta desde hace tanto tiempo, enferma.

Envueltos como estábamos en ésa obscuridad, confundidos por el alcohol, arrebaté de las manos del fantasma la trampa del lobo, Rubén, el tipo que me servía las cervezas en la barra, que quiso morder la pieza garabateándo un teléfono en una servilleta sucia.

Ella está tan muerta que no vió el anzuelo, no sintió la mordida, no lo supo jamás.

Suficiente por una noche, no detendré una segunda mordida, ni mataré a ningún monstruo, me despido de los tres, y dejo al lobo y al monstruo acechando el borde del agujero, en el que ella habita.

miércoles, 15 de junio de 2011

PASOS EN EL CORAZÓN


*Por favor lee el relato al mismo tiempo que se reproduce el video.

PASOS EN EL CORAZÓN

Fue un jueves por la tarde, era otoño y los días "blancos" habían llegado, sin sol y con mucho aire, los pocos que se aventuran a salir a la calle van siempre bien cubiertos por chamarras o abrigos.

Yo daba un paseo sobre reforma, meditabundo y sin rumbo, no ponía mucha atención a lo que pasaba a mi alrededor, cuando repentinamente me invadió un aroma completamente contrastante al seco y frío aroma de otoño; una mezcla de jazmín y cereza.

El aroma me hizo levantar la vista para buscar su origen. Ahí estaba, envuelta en un abrigo negro, pasaba justo al lado mío. Su cabello obscuro recogido en un chongo alto, limpiamente sujetado, dejando al descubierto un pequeño lunar detrás del blanco y largo cuello que el abrigo no cubría. Por debajo del abrigo se asomaban sus piernas envueltas en medias negras y unos zapatos de tacón y punta redonda, similar a los que usan las bailarinas de flamenco.

Cambié mi rumbo y la seguí hasta un puesto de periódicos en el que ella compró un cigarro, y en el cual yo puede apreciar su rostro mientras fingía mirar las revistas distraídamente. Unos 27 años, piel tersa, rasgos finos matizados por una expresión que denotaba preocupación o una intensa concentración.

Encendió su cigarrillo y comenzó a andar de nuevo y yo detrás de ella cuando noté algo extraño en la forma en que se movía, los pasos eran rítmicos, acompasados, pausados, seguros, pero lentos. Me dió tiempo de cambiarme de acera para poder seguirla sin que me notara. Causaba un extraño efecto de atracción a su alrededor; algunas personas con las que se cruzaba se detenían al percibir su aroma o al verla, tal como me pasó a mi, que ahora seguía a una chica tan sumida en sus pensamientos que no se percataba de lo que producía a su alrededor.

Giró a la izquierda y se introdujo en un viejo edificio a través de una despintada puerta de madera. Sin poder restringir mi impulso, atravesé la calle corriendo y traspasé la puerta con cautela. Mientras subía aquellas desvencijadas y chuecas escaleras, sentía mi pecho vibrando acompasadamente al ritmo de sus pasos, bum... bum... bum... me estremecía insistentemente, atrapado por aquél extraño sentimiento. Al final de las escaleras, llegué a una especie de recibidor donde un par de hombres vestidos de trajes obscuros y sombrero hablaban con ella familiarmente mientras uno de ellos le ayudaba a quitarse el abrigo.

El movimiento develó una figura bien estilizada, envuelta en un entallado vestido rojo, que contrastaba con la pésima iluminación del lugar, aumentando su notoriedad; su escote era lo suficientemente alto para dejarme el resto de su torso a la imaginación, pero lo suficientemente bajo para ponerme a imaginar. El vestido tenía un corte recto sin grandes detalles, salvo una apertura en la pierna izquierda que subía hasta la mitad del muslo, dejando ver una torneada y larga pierna a cada paso de daba. Mientras atravesaba otro vano al fondo de la habitación acompañada por uno de ellos.

Estaba a punto de darme la vuelta cuando el otro hombre me hizo una seña para que pasara a la siguiente habitación con él, las vibraciones volvieron, más veloces ahora, rítmicas, constantes, insitantes.

Avancé sin mirar a mi nuevo anfitrión, estoy seguro de que me dijo algo pero yo no lo escuché, caminaba determinado hacia la siguiente habitación, seguro de que la vería ahí de nuevo.

Mi pecho no dejaba de sacudirme, la habitación a la que había entrado era enorme y muy obscura, muchas personas observaban el centro iluminado, contemplando a la chica de rojo.

De pronto, un tipo salió de la penumbra, se acercó a ella con decisión y la tomó de la cintura, se reclinó sobre su cuello para aspirar su aroma mientras le acariciaba el brazo y ella enredaba una de sus piernas alrededor de su cintura.

Miré alrededor tratando de reconocer dónde me había metido.

Al fondo, una banda meneaba sus instrumentos al ritmo de mi pecho, al ritmo de sus pasos. Alrededor del centro comencé a distinguir pequeñas mesas ocupadas por grupos de 2 o 4. Mi anfitrión se encontraba hablándome de cerca sin percatarse de que por mi condición, no podía oírlo.

-"Ella baila tango" leí en sus labios cuando por fin volteé a verlo.

-"Yo, yo sólo puedo sentirlo"

Tango, un sentimiento triste, que se baila.

Inspirado en Cotopi