Anoche, camino a mi casa, tuve un encuentro muy extraño, al camión abordó una dama de alrededor de 50 años, con traje sastre obscuro de buen gusto y una chalina al cuello, el cabello de un color rojo vino y bien pintada.
Le pidió permiso al chofer de la unidad, y dijo en alta y ronca voz:
- Buenas noches señores pasajeros, yo no soy cantante, y no deseo otra cosa más que una sonrisa y una moneda...
Y comenzó a cantar. No sé si su voz estaba enronquecida de forma natural o si ya se había puesto así por la manera que ella cantaba, con fuerza, energía y llena de sentimiento; no sólo cantaba, sino que además, cuando el continuo vaivén del camión lo permitía acompañaba la canción "Cielito lindo" con ademanes graciosos y preparados, se giraba para que todos la escucharan y su rostro reflejaba todo el sentimiento de la canción...
No pude dejar de suponer que quizá está asistiendo a un lugar similar al que yo asisto y la pusieron a cantar en los camiones como un ejercicio. Tampoco pude dejar de pensar en la posibilidad de que se tratara de una mujer que hubo perdido el empleo y, tras alguna época de bonanza, recurre a lo que sea necesario, para llevar el sustento a casa en tiempos de sequía.
No tuve valor para preguntarle, pero si su situación es la segunda, le admiro el valor que tiene para dejar todo a un lado y simplemente salir a la calle con la convicción de ganar dinero, pero además, hacerlo como "la mejor". Y aún más que eso, cantar "Cielito lindo" y (me da pena no acordarme del título de la otra) la de "¡Ay caray!, que bella es mi tierra..."
Tanto amor, tanta entrega, tanto orgullo y tanta dignidad me conmovieron. Espero que estuviera haciendo un ejercicio, y que no lo haya hecho por verdadera necesidad. Aún así, de necesitarlo, espero tener el valor para hacer lo mismo. Cantar, y no llorar, y cantar como el mejor.